El Profeta —la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él— notó la ausencia de Zabit bin Qais —que Al-lah esté complacido con él— y preguntó por él, entonces, un hombre le dijo que le traería noticias sobre su ausencia, por lo que se fue a su casa y lo encontró triste, con la cabeza gacha. Le preguntó lo que le pasaba, y este le contó su mal. Solía alzar la voz por encima de la del Profeta —la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él—, y Al-lah había advertido a quien lo hiciese que sus buenas acciones serían anuladas y él sería de los habitantes del infierno. El hombre regresó junto al Profeta —la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él— y le explicó lo que le pasaba. Entonces, le ordenó volver con Zabit y darle la buena noticia de que no era de los habitantes del infierno, sino del paraíso. Esto se debía a que su voz era alta por naturaleza y él era el vocero del Mensajero de Al-lah —la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él— y de los Ansar.