Unos hombres idólatras que habían asesinado a muchas personas y fornicado con frecuencia se presentaron ante el Profeta —la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él— y le dijeron: «Aquello a lo que invita el islam y sus enseñanzas son algo bueno, pero ¿cuál es nuestra situación tras la idolatría y los graves pecados en los que hemos incurrido?, ¿tienen expiación?». Entonces fueron reveladas estas dos aleyas en las que Al-lah acepta el arrepentimiento de las personas a pesar de la abundancia y gravedad de sus pecados. De no haber sido así, habrían continuado en su incredulidad y su transgresión, y no habrían entrado en esta religión.