El Profeta —la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él— informa que Al-lah le ha ordenado combatir a los idólatras hasta que atestigüen que no hay ninguna divinidad verdadera que merezca ser adorada salvo Al-lah, sin asociados, y que Muhammad —la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él— es Su profeta y obren según dicho testimonio mediante la observancia de las cinco oraciones diarias y la entrega del azaque obligatorio a quienes lo merecen. Si cumplen con ello, el islam protegerá sus vidas y sus bienes, pues no estará permitido matarlos salvo si cometen un crimen o delito por el cual merezcan la pena de muerte según las leyes islámicas. Posteriormente, el Día de la Resurrección, Al-lah se encargará de juzgarlos, pues Él conoce lo que ocultan en su interior.