El Profeta —la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él— mandaba a sus compañeros no dejar ninguna imagen, que es toda aquella representación de un ser con alma, ya tenga volumen o no, sin retirar o eliminar. Asimismo les ordenaba no dejar tumbas elevadas sin nivelar con la tierra, por lo que destruían lo que se había construido sobre ellas o las aplanaban de modo que nada se alzara sobre el terreno más allá de un palmo.