'Aisha e Ibin 'Abbas —que Al-lah esté complacido con ambos— nos informan que, cuando el Profeta —la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él— se hallaba en su lecho de muerte, se cubría la cara con un trozo de tela; y cuando su respiración se hacía más dificultosa por la agonía, se la descubría y dijo en tal grave estado «la maldición de Al-lah sea con los judíos y los cristianos y sean expulsados de Su misericordia» por haber levantado lugares de culto sobre las tumbas de sus profetas. Y si no fuera por la gravedad del asunto, no lo mencionaría en una situación como esa. Por este motivo, el Profeta —la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él— prohibió a su nación hacer como los judíos y cristianos, ya que ello es una vía que conduce a atribuirle copartícipes a Al-lah.