Cuando el Profeta —la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él— decía el «takbir», guardaba un breve silencio antes de recitar «al fatiha» para iniciar la oración con algunas súplicas, entre las que destaca: «Al-lahumma ba’id baini wa baina jatayaya kama ba’dta bayna-l mashriqi wa-l maghrib» (¡Oh Al-lah!, aléjame de mis pecados como Tú has alejado el oriente del occidente). «Al-lahumma naqqini min jatayaya kama yunaqqa-z-zaubu-l-abyadu mina-d-danas» (¡Oh Al-lah!, purifícame de mis pecados como un vestido blanco se purifica de la suciedad). «Al-lahumma-ghsilni min jatayaya bi-z-zalyi wa-l ma'i wa-l barad» (¡Oh Al-lah!, purifícame de mis pecados con nieve, agua y granizo). En ella, le pide a Al-lah Todopoderoso que lo aleje de sus pecados de forma que no incurra en ellos ni pueda encontrarse con ellos, al igual que el este y el oeste nunca pueden encontrarse. Y si llegara a caer en ellos, le pide que lo purifique y los elimine como se elimina la suciedad de una prenda blanca; y que lo lave de sus faltas y enfríe su ardor y calor con estos purificadores fríos: el agua, la nieve y el granizo.