El Profeta —la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él— prohibió a la gente exagerar y transgredir los límites de la sharia al alabarlo, describirlo con atributos divinos, atribuirle acciones divinas, decir que conoce lo oculto o rogarle a él junto con Al-lah, tal como hicieron los cristianos con Jesús, el hijo de María —la paz sea con él—. Luego aclaró que él era uno de los siervos de Al-lah y nos mandó decir siempre: «un siervo de Al-láh y Su Mensajero».