El Profeta —la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él— pregunta a sus compañeros si quieren que les indique una acción que causará el perdón de sus pecados y los borrará del registro de los ángeles, y elevará sus rangos en el paraíso. Los sahaba responden de forma afirmativa, y él les dice: Primero, que completen y perfeccionen la ablución, a pesar de dificultades como el frío, la escasez de agua, dolores corporales y la alta temperatura del agua. Segundo, que aumenten sus pasos o zancadas hacia la mezquita por la distancia a la que se halla su casa o por la frecuencia de los rezos. Tercero, que esperen el tiempo de la oración con el corazón puesto en ella, se preparen para ella y permanezcan sentados en la mezquita esperando el rezo en congregación. Y si ya han rezado, que esperen allí la siguiente oración. Después, el Profeta —la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él— les aclara que esas acciones constituyen el verdadero «ribat» (protección de los límites con el enemigo) porque bloquea las vías del Demonio, ayuda al creyente a vencer sus deseos e impide que haga caso a los susurros del Demonio en su interior. De esta manera, los partidarios de Al-lah obtienen la victoria sobre el ejército del Demonio; y esa es la gran lucha en la causa de Al-lah, la cual está al nivel del acecho o la vigilancia para defender la frontera de ataques enemigos.