Un grupo de personas se dirigió hacia donde se hallaba el Profeta —la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él— y cuando llegaron a él le dijeron, a modo de elogio, unas palabras que no fueron del agrado del Mensajero —la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él—. Le dijeron: «Tú eres nuestro Señor». A lo que el Mensajero —la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él— respondió: «El Señor es Al-lah», pues Él tiene el completo señorío sobre Su creación, y ellos son Sus siervos. Le dijeron: "Eres el mejor de nosotros en virtud", el más alto en rango, honor y distinción. Y eres "el dotado de mayor abundancia", el más generoso, honorable y excelso. Después, el Profeta —la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él— les indicó decir sus palabras habituales y no excederse en ellas para que el Demonio no los arrastrara hacia la exageración y la adulación que conducen al politeísmo y sus medios, los cuales han sido prohibidos.