Un hombre le preguntó al Profeta —la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él— por una acción con la que ganar el amor de Al-lah y el cariño de la gente. Él le respondió que Al-lah lo amaría si renunciaba a los excesos del mundo, a lo que no aporta nada en la otra vida y a lo que podría perjudicar su fe. Asimismo, la gente lo querría si no codiciaba lo que ellos poseían porque, por naturaleza, los hombres aman las cosas materiales: cuando alguien compite con ellos por alcanzarlas, lo rechazan; pero cuando alguien renuncia a ellas, lo aprecian.