Se encontraba junto al Mensajero de Al-lah —la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él— en uno de sus viajes, mientras que la gente descansaba en las tiendas donde solían dormir durante sus expediciones, cuando envió a un hombre a ellos con la orden de cortar los collares que colgaban de los cuellos de los camellos, ya fueran cuerdas de arco u otro tipo, como campanas o sandalias porque los utilizaban para prevenir el mal de ojo. Por esta razón ordenó que los cortaran, pues no prevenían nada, ya que tanto el bien como el mal están solo en la mano de Al-lah, Quien no tiene copartícipes.