El Mensajero de Al-lah —que la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él— nos informa que un hombre que daba préstamos a la gente, o les vendía a crédito, solía decirle a su sirviente que cobraba a sus deudores que, si un deudor no tenía con qué pagar lo que adeudaba, debía ser indulgente con él, ya fuera dándole más plazo para pagar, evitando insistir en el pago, o aceptando lo que tuviera, aunque fuera poco o menos de lo debido, con la intención de que así tal vez Al-lah fuera indulgente con él y le perdonase sus faltas. Cuando el hombre murió, Al-lah fue indulgente con él y le perdonó sus faltas.