El Profeta -que la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él- aclara que Al-lah —alabado y exaltado sea— no se fija en si la imagen del siervo o su cuerpo es hermoso o desagradable, grande o pequeño, sano o enfermo. Tampoco se fija en si tiene muchos bienes o pocos, pues Al-lah no castiga ni juzga a Sus siervos por estos asuntos ni hace diferencias entre ellos basándose en estos aspectos; sino que se fija en la piedad y certeza que hay en el corazón, en si es sincero o busca la fama y quedar bien. También mira si sus acciones son válidas o corruptas y recompensa según ellas.