En esta narración se encuentra una historia sorprendente: Hubo una vez un rey que tenía con él a un mago que fue usado como consejero que lo use en a su beneficio sin importar las leyes de la religión, debido a que este rey es injusto y corrupto, y éste, al llegar a una edad avanzada, le dijo al rey: ‘Me he hecho ya viejo, envíame pues a un joven que le enseñe la magia, escogió un muchacho porque es fácil enseñarle. Pero Al-lah ha querido para este muchacho otro asunto que la magia’. En el camino que tenía que seguir el joven había un rabino (sabio y adorador a Al-lah) con el que se sentó para escucharle, quedándose maravillado por sus palabras. De manera que siempre que pasaba en dirección a la casa del mago se sentaba con él, hasta que fue golpeado por el mago, debido a su continua tardanza y entonces se quejó al monje, que le dijo: ‘Cuando temas al mago le dices: me ha impedido llegar a tiempo mi padre o mi madre; y cuando temas a tu padre o a tu madre le dices: me ha impedido llegar a tiempo el mago, le dijo esto a pesar de que era mentira porque el rabino encontro que el beneficio en este caso más que el perjuicio causado por la mentira. ’ Y mientras él estaba en este dilema acertó a pasar por donde había una bestia enorme (un leon) que tenía acorralada a una gente. Y dijo: ‘Hoy voy a saber quién de los dos tiene razón, si el mago o el monje. ’ Entonces cogió una piedra y dijo: ‘¡Oh Al-lah, si la práctica de este monje es más querida por ti que la del mago, mata a esta bestia de forma que la gente pueda ir en paz!’ Así pues, arrojó la piedra y mató a la bestia y la gente marchó tranquilamente. Después fue al monje y le informó de lo sucedido. Y el monje le dijo a continuación: ‘¡Hijo mío, tú, por lo que veo, hoy has alcanzado un grado más que yo. Serás puesto a prueba y si esto sucede, no le digas a nadie que fui yo quien te enseñó. ’ Pasó un tiempo y el joven curaba a los ciegos de nacimiento y sanaba a los leprosos y a gente con otras enfermedades. Se enteró de esto un consejero del rey que se había quedado ciego y vino a él con gran cantidad de regalos y le dijo: ‘¡Todo esto para ti si me curas!’ Y él le contestó: ‘Realmente yo no curo a nadie, el que cura es Al-lah, Altísimo sea. Si crees en Al-lah, yo le pido por ti y Él te curará. ’ Entonces creyó y Al-lah, Altísimo sea, lo curó. Después acudió a reunirse con el rey, como solía hacer y éste le preguntó: ‘¿Quién te ha devuelto la vista?’ Dijo: ‘Mi Señor. ’ Y el rey le preguntó: ‘¿Acaso tienes otro señor que no sea yo?’ Dijo: ‘Mi Señor y tu Señor es Al-lah, Altísimo sea. ’ Entonces el rey lo cogió y no cesó de castigarle hasta que le indicó cómo encontrar al joven que le había curado la vista. Así pues, fue llevado el muchacho ante él y le dijo: ‘Hijo mío, tu magia ha alcanzado tal punto que curas sin cesar a los ciegos, a los leprosos y a muchos otros. ’ Y le contestó: ‘Realmente yo no curo a nadie, quien verdaderamente cura es Al-lah, Altísimo sea. ’ Entonces lo cogió y empezó a castigarle sin parar hasta que le dio noticias del monje. Se lo trajeron y le ordenó: ‘¡Reniega de tu Din!’. Y como se negaba, mandó que trajeran la sierra, se la colocaron en la raya de separación del pelo de la cabeza y le separaron el cuerpo en dos mitades. Después mandó llamar al consejero y le ordenó que renegara de su fe. Pero como se opuso le hicieron lo mismo que al monje. Después le trajeron al joven y le dijo que renegara de su creencia, pero como se negó, lo llevó con algunos de los suyos y les dijo: ‘Llevadlo hasta la cima de la montaña tal y si no reniega de su fe, arrojadlo al abismo. ’ Y cuando estaban en lo alto de la cima, dijo: ‘¡Oh Al-lah, si Tú quieres, líbrame de ellos por el método que desees!’ Entonces tembló la montaña con ellos y se cayeron. Y él fue caminando hasta el rey, que le preguntó: ‘¿Qué han hecho tus compañeros?’ Y dijo: ‘Al-lah me ha librado de ellos. ’ Entonces lo mandó con otros a los que dijo: ‘Llevadlo en barco hasta alta mar y decidle que reniegue de su Din y si no, arrojadlo por la borda. ’ Y cuando llegaron dijo el joven: ‘¡Oh Al-lah, si quieres, líbrame de ellos por el método que desees. ’ Entonces, al momento volcó el barco con ellos y se ahogaron. Y él se fue andando hasta el rey que le dijo: ‘¿Qué ha sido de tus compañeros?’ Y le dijo: ‘Al-lah me ha librado de ellos. Y tú realmente no podrás matarme mientras no hagas lo que yo te ordene. ’ Dijo el rey: ‘¿Y qué es?’ Dijo: ‘Reúne a toda la gente en un mismo lugar y átame en cruz al tronco de un árbol. Después, coge una flecha de mi canana y poniéndola en el centro del arco, di: ‘En el nombre de Al-lah, Señor del muchacho’ y me disparas. Y si lo haces así me matarás. ’ Así que reunió a la gente e hizo todo conforme le había dicho el joven y cuando iba a disparar dijo: ‘En el nombre de Al-lah, Señor del muchacho’; luego disparó y la flecha fue a dar en la sien del joven y murió. Y entonces dijeron todos: ‘Creemos en el Señor del muchacho (Al-lah). ’ Después le dijeron al rey: ‘Has visto aquello que temías que ocurriera, es decir, que la gente creyera. Pues bien, ha sucedido. Al-lah te ha hecho ver el motivo y te ha advertido. Pues toda la gente ha creído. ’ Entonces ordenó el rey hacer zanjas en las entradas de los caminos y al tiempo que fueron cavadas, prendieron fuego en ellas y dijo: ‘¡A quien no reniegue de su Din, arrojadlo al fuego o decidle ‘arrójate’!’ Y así lo hicieron hasta que llegó una mujer con un niño que se detuvo y se acobardó. Y le dijo el pequeño*: ‘¡Madre ten paciencia, que realmente tú estás en la verdad!’.