El Profeta —la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él— advierte sobre dos tipos de personas de entre los habitantes del fuego que no vio ni existían en su época, sino que vendrían después de él. El primero está constituido por gentes que llevan látigos semejantes a colas largas de vacas con los que golpean a las personas. Estos son los policías y soldados de tiranos que pegan a la gente injustamente. Y el segundo lo componen mujeres que se han despojado del manto de la castidad y la modestia que suele ser innato en la mujer. Se las describe como vestidas en realidad, pero desnudas en esencia, ya que visten prendas muy finas que dejan ver la piel. Cubren parte del cuerpo y revelan parte para mostrar su belleza. Hacen que los corazones de los hombres se inclinen hacia ellas con su vestimenta, su caminar insinuante y su contoneo de hombros, y provocan que otras se desvíen y caigan en el extravío en el que se encuentran. Entre sus características destacan sus cabezas similares a la joroba inclinada de un camello, pues las agrandan envolviéndolas con pañuelos o algo similar. Y su parecido con las jorobas de un camello bactriano se debe a que elevan sobre la cabeza su cabello y sus trenzas, y estas se inclinan hacia un lado como la joroba del camello. Las mujeres que encajan en tal descripción están sujetas a la severa amenaza de no entrar en el paraíso, ni percibir su fragancia ni acercarse a él siquiera, a pesar de que la fragancia del paraíso puede olerse desde una gran distancia.