Maimuna, la Madre de los creyentes —que Al-lah esté complacido con ella—, informa sobre la manera en la que el Profeta —la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él— se bañaba para salir de su estado de «yanaba» (por relaciones maritales, sueño húmedo, etc.). Ella cuenta que le preparó un recipiente con agua para lavarse y lo protegió con una especie de cortina. Entonces, el Profeta hizo lo siguiente: Primero, vertió agua sobre las manos y se las lavó antes de introducirlas en el recipiente. Segundo, vertió agua con la mano derecha sobre la izquierda para lavar sus partes privadas de cualquier resto de suciedad que estuviera adherido a ellas. Tercero, se frotó las manos con el suelo y se las lavó para eliminar de ellas cualquier impureza. Cuarto, se enjuagó la boca introduciendo agua en ella, la cual movió de lado a lado antes de expulsarla; y se limpió la nariz aspirando agua por ella y expulsándola después. Quinto, se lavó la cara y los brazos. Sexto, vertió agua sobre la cabeza. Séptimo, vertió agua sobre el resto de su cuerpo. Octavo, se desplazó a otro lugar para lavarse los pies, los cuales aún no había lavado. Luego, le dio una ropa para secarse, pero no la tomó; sino que escurrió el agua del cuerpo con las manos y las sacudió.