El Profeta —la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él— informa que serán gobernados por líderes que se apropiarán de los bienes de los musulmanes, entre otras cosas mundanales, y los distribuirán como quieran negando a los creyentes sus derechos sobre estos. Y habrá asuntos sobre la religión que detestarán en ellos. Entonces, sus compañeros —que Al-lah esté complacido con ellos— le preguntaron qué deberían hacer en dicha situación. Les respondió que el hecho de que acapararan la riqueza no debía impedir que cumpliesen con su deber de acatar sus órdenes y que tenían que tener paciencia, obedecerlos y no discutir su autoridad; y debían pedirle a Al-lah los derechos que les correspondían, que enmendara a esos gobernantes y que apartara de ellos el daño e injusticia que dichos gobernantes causaban.