El Profeta —que la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él— informa que merece un severo castigo todo aquel al que Al-lah haya otorgado autoridad y responsabilidad sobre la gente, ya sea una autoridad pública, como un príncipe o gobernante, o una autoridad privada, como el hombre o la mujer en su casa, y no cumpla con los derechos de quienes están a su cargo, los engañe o no les preste el máximo cuidado, no respetando así sus derechos religiosos y mundanales.