El Profeta —la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él— informó sobre la rectitud («birr») y el pecado, y dijo que entre las cualidades más grandes de la rectitud destacan el buen carácter con Al-lah mediante la piedad y la obediencia, y con la gente mediante la paciencia ante el daño, el control de la ira, la sonrisa, las palabras amables, la cercanía y obediencia, la gentileza y la bondad, la buena compañía y el buen trato. Asimismo, la rectitud es aquello que concede tranquilidad al corazón y al alma. En cuanto al pecado, lo constituyen los asuntos ambiguos que se agitan en tu interior, generan inquietud y duda en el corazón y temes que sean transgresiones; por lo que no quieres mostrarlos por ser reprobables a los ojos de la gente ejemplar y virtuosa. Esto ocurre porque, por naturaleza, al ser humano le gusta que los demás vean sus buenas acciones; por lo que, si te disgusta que vean ciertos actos tuyos, significa que no hay bien en ellos y que son pecado. Y aunque otros te den su opinión o fatwa, no debes seguirla mientras permanezca la duda en tu corazón, porque una fatwa no elimina la sospecha si esta es válida y si el muftí dictamina sin poseer conocimiento. Sin embargo, si el dictamen se basa en un argumento sólido de la sharía, quien pregunta está obligado a seguirlo, incluso si no siente tranquilidad en su corazón.