El Profeta —la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él— anima a responder el llamado del muecín cuando se le oye, repitiendo lo que él dice, frase por frase. Así pues, cuando él dice «Al-lahu Akbar», decimos tras él «Al-lahu Akbar». Y cuando dice los dos testimonios de fe, los repetimos después de él. Se exceptúan las expresiones: «Hayya 'ala-s-salah, hayya 'ala-l falah» (Vengan a la oración, vengan al éxito), pues entonces debe decirse: «La hawla wa la quwata il-lah bil-lah» (No hay poder ni fuerza salvo en Al-lah).