El Profeta -que la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él- informa sobre una regla general de la jurisprudencia islámica que es la división de las acciones en tres tipos: las claramente lícitas, las claramente ilícitas y las que presentan dudas acerca de si son lícitas o no, y cuyo veredicto ignora mucha gente. Quien deja esos asuntos que le son dudosos protege su religión al evitar caer en lo prohibido y pone a salvo su honor de las habladurías de la gente que le criticaría por haber incurrido en dicha acción dudosa. Y quien no se abstiene de los asuntos dudosos se expone a caer en lo ilícito o a que su honor se vea afectado por lo que de él diga la gente. El Mensajero —la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él— pone un ejemplo para aclarar la situación de quien incurre en lo dudoso. Lo compara con un pastor que pastorea su ganado cerca de un terreno que su dueño ha vedado y en el cual su rebaño está a punto de pastar debido a su proximidad. Del mismo modo, quien incurre en lo dudoso se acerca a lo ilícito y está a punto de caer en ello. Luego, el Profeta —la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él— informa de que en el cuerpo hay un pedazo de carne (el corazón) de cuya salud depende la salud del cuerpo, o su corrupción, en caso de estar él corrompido.