Ibn Abbās (que Al-láh esté complacido con él y con su padre) dice que el Profeta (que la paz y las bendiciones de Al-láh sean con él) solía experimentar penurias y estrés intenso mientras se le enviaba la revelación. Solía mover los labios con lo que recibió de Gabriel antes de que Gabriel hubiera terminado la revelación, por temor a no ser capaz de memorizarlo antes de que Gabriel se fuera. Ibn Abbās le describió a su alumno Sa‘īd ibn Dyubayr cómo el Profeta movía los labios. Esto indica que Ibn Abbās había visto al Profeta en ese estado. Sa‘īd, igualmente, se lo describió a sus alumnos. Al-láh, el Exaltado, reveló una aleya ordenando al Profeta que no moviera su lengua con el Corán para apresurarse al recibirlo, porque Al-láh se aseguró de que el Corán se recogiera en el corazón del Profeta. Entonces, Al-láh, el Todopoderoso, reveló otra aleya que le decía al Profeta que escuchara con atención cuando Gabriel le recitaba el Corán, porque Al-láh se aseguró de que el Profeta lo recitara tal como lo había recitado Gabriel. Más tarde, cuando Gabriel llegaba al Profeta con la revelación, el Profeta lo escuchaba, y cuando Gabriel se había ido, el Profeta leía el Corán como Gabriel le enseñó a leerlo.