Siempre que el Profeta (que la paz y las bendiciones de Al-láh sean con él) recibía revelación, experimentaba dificultades y angustia hasta el punto de que el color de su rostro cambiaba debido a la gravedad y dificultad de ese asunto. Además, el Profeta (que la paz y las bendiciones de Al-láh sean con él) prestó mucha atención y cuidado a la revelación y mostró gran admiración por todo lo que se le pidió que observara, como el cumplimiento de los derechos de la servidumbre, mostrando el debido agradecimiento a Al-láh, el Todopoderoso y glorificando Sus mandamientos y Sus noticias.