Aisha, Al-lah esté complacido con ella, narra un relato en el que nos demuestra lo tanto que le gustaba al Mensajero de Al-lah, Él le bendiga y le dé paz, el ‘siwak’. Dice que el hermano de ella Abderrahman Ibn Abu Bakr As-sidiq, Al-lah esté complacido con él, entró a ver al Mensajero de Al-lah, Él le bendiga y le dé paz, estando en su lecho de muerte. Abderrahman tenía en ese momento un ‘siwak’ tierno (cepilla de rama natural) con el que se estaba cepillando los dientes. El Mensajero de Al-lah, Él le bendiga y le dé paz, cuando vio el ‘siwak’ en boca de Abderrahman, dirigió su mirada hacia él. Por lo tanto, ni el dolor ni la enfermedad le quitó su amor por el ‘siwak’, de ahí que dirigiera la mirada hacia él, como si lo quisiera para sí. Aisha, Al-lah esté complacido con ella, se dio cuenta de ello, así que tomó el ‘siwak’ de su hermano, le arrancó la parte usada y lo masticó para reblandárserlo. Luego, se lo pasó al Mensajero de Al-lah, Él le bendiga y le dé paz, que lo utilizó para cepillarse los dientes. Ella sostiene que nunca ha visto a nadie cepillarse los dientes mejor el Mensajero de Al-lah, Él le bendiga y le dé paz. Una vez que se purificó, terminó de cepillarse los dientes, levantó el dedo, implorando la unicidad de Al-lah, Ensalzado sea, y falleció, Al-lah le bendiga y le dé paz. Aisha, Al-lah esté complacido con ella, sintió una gran alegría, y con razón, por el hecho de que el Mensajero de Al-lah, Él le bendiga y le dé paz, haya fallecido recostado sobre su pecho.