El Mensajero de Al-lah —la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él— era la persona con el carácter más perfecto y aventajaba a los demás en todos los buenos modales y virtudes: en decir buenas palabras, obrar el bien, poner buena cara, abstenerse de perjudicar a los demás y tolerar el daño que otros le causaban.