El Profeta —la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él— aclara que, a quien diga tras terminar la oración obligatoria: «subhanal-lah» treinta y tres veces, que significa exaltar a Al-lah exonerándolo de cualquier imperfección; «alhamduli-lah» treinta y tres veces, que significa alabarlo por Sus atributos de perfección con amor y reverencia hacia Él; «Al-lahu Akbar» treinta y tres veces, afirmando que Al-lah es el más Grande y Majestuoso sobre todas las cosas; y complete hasta cien diciendo «la ilaha il-la-l-lahu wahdahu la sharika lahu, lahu-l mulku wa lahu-l hamdu wa hua 'ala kul-li sha'in qadir», que significa que no hay ninguna divinidad verdadera que merezca ser adorada salvo Al-lah, Quien es único y no tiene copartícipes, a Quien pertenece toda la soberanía, Quien merece la alabanza y el elogio con un amor y una devoción únicos y es Todopoderoso y nada escapa a Su poder, se le borrarán y perdonarán sus faltas, aunque estas sean tan numerosas como abundante es la espuma blanca que cubre el mar cuando este se agita y encrespa.