Toda la oración es un ensalzamiento de Al-lah por medio de palabras y actos. Este noble hadiz, evidencia el emblema de la oración: Afirmar la Grandiosidad de Al-lah, Alabado y Enaltecido sea. Lo que ha hecho de la oración su emblema y distintivo es que fue legislada para ensalzar y glorificar a Al-lah. Así pues, el Mensajero de Al-lah -la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él- comenzaba su oración diciendo “Al-lahu Akbar” (Al-lah es el más grande) y recitaba el Corán con el cuerpo erguido. Después de haber concluido su recitación, se inclinaba en Ruku (poniendo las manos sobre las rodillas) y decía “Al-lahu Akbar”. Cuando se levantaba de la inclinación (hasta ponerse en postura erguida), decía: “Sami‘a Al-lahu liman hamidah” (Al-lah escucha a quien Lo alaba). Estando aún erguido, alababa y ensalzaba a Al-lah. Luego decía “Al-lahu Akbar" mientras colocaba su frente en el suelo en prosternación. Luego decía “Al-lahu Akbar" al levantar la cabeza del suelo hasta quedarse sentado de rodillas. Luego repetía lo mencionado en su oración hasta completarla. Después de la sentada intermedia, en aquellos rezos que exigen una sentada intermedia y otra final, al levantarse decía “Al-lahu Akbar”. De tal manera, El Legislador (Al-lah) asignó la frase “Al-lahu Akbar” en cada cambio de posición, excepto al levantarse de la inclinación.