Que el Mensajero, Al-lah le bendiga y le dé paz, estaba de retiro en las últimas diez noches del Ramadán al tiempo que su esposa Safía, Al-lah esté complacido con ella, vino a visitarlo. Habló con él durante una hora. Luego, se levantó para volver a casa, pero el Mensajero de Al-lah, Él le bendiga y le dé paz, se levantó también para acompañarla en el camino y hacérselo más corto. Pasaron junto a ellos dos hombres de los auxiliares (ansar). Cuando vieron al Profeta, Al-lah le bendiga y le dé paz, apretaron el paso por pudor hacia el Mensajero de Al-lah que se encontraba en compañía de su familia. Él les dijo: “¡Id despacio, que ella es Safía Bint Huyayi!” Ellos dijeron: “¡Subhána Al-lah, Mensajero de Al-lah! ¿Acaso podríamos nosotros pensar mal de ti?” Él les dijo: “¡Ciertamente, Satán corre por las venas del hijo de Adam. Verdaderamente, he temido que arrojara el mal en vuestros corazones y os haga pensar mal!”.