Si el hombre se echa entre las cuatro extremidades de la mujer, esto es, entre sus brazo y piernas, y la penetra con su miembro, está obligado a lavar todo su cuerpo (ghusl), tal y como se impone en el lavado en casos de impureza por haber mantenido relaciones conyugales. Esto es así aunque no haya eyaculado, puesto que la penetración de por sí obliga a lavar el cuerpo.