Todo difunto concluye sus acciones con su muerte, de modo que ya no se le registran nuevas recompensas, a excepción del que muere en defensa de la causa de Al-lah, aquél que vigila las fronteras de las tierras islámicas. A éste Al-lah le agasaja con el aumento su recompensa por esas acciones y le libra del examen de la tumba, de modo que los dos ángeles no le preguntarán.