El Mensajero de Al-lah -la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él- relató un suceso que ocurrió con uno de los profetas, al que su gente le golpeó del que brotó sangre. Este profeta, mientras se limpiaba la sangre de la cara, pedía perdón para su gente. Esto representa el máximo nivel de paciencia y autocontrol. De hecho no se limitó a suplicar por ellos, sino que se disculpó por ellos temiendo el castigo que les espera, ya que ellos desconocen el verdadero motivo de las cosas.