Abu Hurayrah (que Al-láh esté complacido con él) informó que Jawlah bint Yasār (que Al-láh esté complacido con ella) acudió al Profeta (que la paz y las bendiciones de Al-láh sean con él) y se quejó de que ella solo tenía un vestido, el cual estaba contaminado con sangre menstrual durante su período. Ella le preguntó qué debía hacer, el Profeta (que la paz y las bendiciones de Al-láh sean con él) le ordenó que lo lavara con agua cuando se purificara y luego orara con él. Sin embargo, mencionó que podrían quedar restos de sangre en el vestido después de frotarlo y lavarlo bien, como se relata en otras narraciones del Hadiz. En respuesta, el Profeta (que la paz y las bendiciones de Al-láh sean con él) le explicó que el agua es suficiente para purificar el vestido y que el rastro restante es inofensivo, después de que una persona hace todo lo posible para lavarlo.