Aisha, Al-lah esté complacido con ella, dice que las mujeres de los compañeros del Mensajero de Al-lah, Él le bendiga y le dé paz, solían rezar la oración del alba (fayr) junto a él cubiertas con sus ropajes. Una vez acabada la oración, volvían a sus casas sin que las pueda reconocer nadie en la oscuridad que aún persistía. Véase “Taysir Al-Ahkam lil-Bassam” (86).