Este hadiz de Yarir Ibn AbdAl-lah Al-Bayali, Al-lah esté complacido con él. Se trata de un grandioso hadiz, por el que podemos observar la meticulosidad del Mensajero de Al-lah, Él le bendiga y le dé paz, y su indulgencia para con su pueblo. Mientras los compañeros del Mensajero de Al-lah, Él le bendiga y le dé paz, estaban en su compañía en la primera parte del día, vinieron a verlo unas personas, la mayoría o todos eran de la tribu de Mudar, que iban casi desnudos y harapientos, con sus espadas al cuello dispuestos a luchar por la causa de Al-lah, Él esté complacido con ellos. Al ver el estado de pobreza en que se encontraban, el rostro del Mensajero de Al-lah, Él le bendiga y le dé paz, cambió de expresión, ya que era de la tribu de Mudar, una de las tribus árabes más nobles. Entró, Al-lah le bendiga y le dé paz, en su casa y salió para ordenar a Bilal que llamara a la oración. Y después de rezar, pronunció un sermón dirigido a esas personas. Alabó a Al-lah como hacía de costumbre y recitó las palabras de Al-lah Todopoderoso: “¡Oh gentes! Temed a vuestro Señor, que os ha creado a todos de un mismo ser y de él creó a su pareja, para que de ellos dos se multiplicaran muchos hombres y mujeres. ¡Temed a Al-lah, Aquel por el que pedís y guardaos de romper los lazos consanguíneos! Y Al-lah observa lo que hacéis”. Después, recitó también: “¡Oh creyentes! Temed a Al-lah y que cada uno vea lo que aporta para el Día del Juicio”. Luego, exhortó a los musulmanes a dar limosna de sus bienes. Dijo: “¡Qué cada hombre dé limosna de sus dinares, o de sus dírhams, o de su vestido o trigo o dátiles, aunque sea medio dátil!” Los compañeros eran quien más procuraba hacer el bien y los que más rápido acudían a hacerlo. Así que salieron a sus casas y trajeron consigo donaciones. Por ejemplo, un hombre trajo una bolsa llena de dinero que apenas le cabía en la palma de la mano y se la entregó al Mensajero de Al-lah, Él le bendiga y le dé paz. Y así siguieron dando limosna hasta que Yarir pudo ver dos montones de comida, ropa y otros depositados en la mezquita. Entonces pudo ver relucir de alegría el rostro del Mensajero de Al-lah, Él le bendiga y le dé paz, radiando lustre y pureza por la rapidez de reacción en cubrir las necesidades de esos musulmanes. Luego, el Mensajero de Al-lah, Él le bendiga y le dé paz, dijo: “Quien inicie una buena costumbre (sunna) en el Islam suya será su recompensa y de la de quien sigue su ejemplo, sin que por ello disminuya en nada la recompensa de los que la siguieron”. Aquí se refiere a quien inicie la acción y no a quien cree o invente algo nuevo en el Islam, puesto que quien invente algo que no pertenece al Islam, estaría innovando y eso está detestado. Aquí se refiere a quien comienza una buena acción, como el caso del hombre que trajo una bolsa de dinero, Al-lah esté complacido con él.