Nuestro Señor, Alabado y Ensalzado, descubre su sagrada pierna y se postra ante él todo buen creyente hombre o mujer, mientras que los hipócritas, aquellos que se postraban en la vida mundana (Dunia) para que los vieran los demás, se les impide postrarse. Sus espaldas se convierten en una sola vértebra, de modo que no pueden inclinarse ni postrarse, ya que en verdad no lo hacían por Al-lah en Dunia. Solo lo hacían por sus intereses mundanos. No está permitido interpretar la pierna en el sentido de dureza, angustia o similar, sino que hay que entenderla como una de las cualidades de Al-lah Todopoderoso sin ningún tipo de detalles, ni se,ejanza, ni distorsión, ni ambigüedad.