El Mensajero de Al-lah -la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él- solía tomar un compromiso con sus compañeras en que no le deben desobedecer en determinados asuntos, entre otros en: que la mujer no se arañe ni se golpee la cara; no lanzar lamentos e invocaciones entre los sollozos del dolor; no rasgarse las vestiduras; ni tirarse del pelo ni arrancarlo al tener alguna calamidad.