Anas ibn Malek- que Al-láh esté complacido con él- narra que el profeta -que la paz y las bendiciones de Al-láh sean con él- les visitaba en casa y echaba la siesta allí, al mediodía, entonces la madre de Anas vino con una botella, puso el sudor del profeta -que la paz y las bendiciones de Al-láh sean con él- en ella, fue cuando el profeta -que la paz y las bendiciones de Al-láh sean con él- se despertaba y le preguntaba por qué estaba haciendo esto, y le respondió que estaba poniendo su sudor -que la paz y las bendiciones de Al-láh sean con él- para mezclarlo con el perfume, y que es mejor que el perfume.