El siervo de Al-lah cuando maldice algo con su lengua, la maldición sube al Cielo, pero sus puertas se cierran ante ella. Después, vuelve a la Tierra y sus puertas también se cierran ante ella y no entra. Después, se dirige a la derecha y a la izquierda y si no encuentra camino o lugar donde quedarse, va a lo que ha sido maldecido, si es que se la merece, y si no, vuelve al que la ha dicho y lo alcanza. Véase “Dalil Al-Falihin” (8/59).