El Mensajero de Al-lah -la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él- aclaró que el sol y la luna forman parte de los signos de Al-lah, que demuestran Su poder y Su sabiduría, y que los fenómenos que sufren no se deben a la vida ni la muerte de personajes importantes, como así creían la gente de la Yahilía (época preislámica pagana). Los sucesos terrenales no les afectan en absoluto. Los eclipses son para atemorizar a los siervos, por causa de sus pecados, para que se arrepientan y vuelvan al sendero de Al-lah, Enaltecido sea. Por eso, les aconsejó que en estos casos deben aferrarse a la oración y a la invocación hasta que se disipe el eclipse. Pues Al-lah posee en Su universo secretos y los ejecuta según Su Voluntad.