Abdullah Ibn Úmar, Al-lah esté complacido con él, nos informa en este hadiz de que el Mensajero de Al-lah, Él le bendiga y le dé paz, al levantar su cabeza de la prosternación para volverse erguido, en la última prosternación de la oración del alba, justo después de decir: ‘Sami’a Al-lahu liman hamidah. Rabaná wa laka alhamd’ (Al-lah escucha a quien Lo alaba. Para Ti, oh Señor, son las alabanzas)”, solía maldecir algunos dirigentes de los idólatras. Quizás los nombró por sus nombres. Estos son los que le infringieron un daño en la batalla de Uhud. Los maldecía por sus nombres, pero Al-lah lo disuadió de hacerlo al descender esta aleya que le prohíbe hacerlo: “No es asunto tuyo si Él acepta su arrepentimiento o les castiga” [Corán 3:128]. Esto es debido a que Al-lah ya sabía que iban a convertirse al Islam, y mejorar su Islam.