El Mensajero de Al-lah -la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él- pasó junto a una mujer que lloraba desconsoladamente al lado de la tumba de su hijo pequeño a quien amaba con un amor intenso. No se pudo contener y salió a llorar junto a su tumba. Cuando la vio el Mensajero de Al-lah -la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él- le ordenó temer a Al-lah, y tener paciencia. Pese a esto, ella le contestó: “Apártate y aléjate de mí, pues a ti no te ha ocurrido una desgracia como la mía ni sabes lo que me pasó”. Entonces le dijeron: “Él es el Mensajero de Al-lah -que la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él-” y se lamentó de lo que le había dicho. Fue a su puerta -la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él- y no encontró a nadie que le impidiera entrar donde se encontraba él. Le dijo: “¡No te había reconocido!” Y él contestó: “La paciencia se manifiesta en el primer momento de la desgracia”.