El viernes, los ángeles se quedan en las puertas de las mezquitas, para registrar los que vienen para rezar, según la orden, entonces quien viene el primero recibirá una recompensa igual a aquel que había sacrificado un camello como limosna en búsqueda de la complacencia de Al-láh- Enaltecido sea-, el segundo recibirá la recompensa de un sacrificio de una vaca, luego de un cordero, luego de una gallina, luego de un huevo. Y cuando sale el imam para decir el sermón, los ángeles cierran los libros en los cuales se registran los nombres de quienes asistieron a la oración del viernes según la orden, se registraron también sus recompensas, luego los ángeles se sientan para escuchar el sermón con la gente.