Ayoub -que la paz sea con él- estaba haciendo gusl (ablución mayor) cuando cayó sobre él mucho oro en forma de langostas, por lo Ayoub -la paz sea con él- se puso a cogerlas y echarlas en su ropa. Entonces su Señor, Exaltado sea, le llamó y le dijo: "¿Acaso no te enriquecido como para que prescindas de esto? A lo que respondió: "Por supuesto que sí, pero no lo tomo como un deseo por la vida mundanal si no por que es una bendición proveniente de tí".