Quien quiera separar a una mujer de su matrimonio, ya sea el que lo haga hombre o mujer, por medio de desprestigiar a su marido o de airear sus faltas ante ella para que lo deteste y se subleve contra él, lo que le llevará a pedir su repudio o divorcio; o quiera sublevar a un esclavo contra su dueño, o que le comience a tratar mal, no es de nuestro pueblo ni es de nuestra corriente, ya que eso es obra de Satán.