El mensajero de Al-láh -que la paz y las bendiciones de Al-láh sean con él- muestra que hay una sura del Corán que se compone de treinta aleyas que intercedieron por un hombre que las recitaba hasta que fue perdonado, ya que dicho hombre solía recitarla cuidadosamente, y cuando falleció la sura intrecedió por él hasta que se salva del castigo. Al inicio del hadiz se oculta el nombre de la sura, luego se menciona al final; para mostrar su gran valor y sus méritos y para insistir sobre su recitación diariamente.