Este hadiz recoge una de las súplicas (duaa) que el Mensajero de Al-lah solía pronunciar, la cual comprende la súplica por el bien en la vida de acá y de allá; y que la muerte cuando le sea decretada que le suponga el alivio y el descanso de todo lo malo de este mundo, y del mal de la tumba en sentido genérico; y que su vida esté consagrada a la voluntad de Al-lah y que lo aleje de lo que repudia.